POR QUÉ MENOS DEL 36% DE LOS LATINOS TIENE UN PLAN DE JUBILACIÓN Y CÓMO EMPEZAR HOY
Don Roberto tiene 71 años. Llegó a este país con nada, trabajó en construcción por más de tres décadas, levantó a su familia, pagó renta, mandó remesas a su mamá en México. Hoy trabaja cuatro días a la semana empacando cajas en un almacén porque el Seguro Social no le alcanza para cubrir ni la mitad de sus gastos. Me dijo algo que no se me olvida: «Miguel, yo pensé que en esto me iba a ayudar el gobierno. Nadie me explicó que tenía que haberlo hecho yo mismo.»
Su historia no es única. Es la historia de cientos de miles de latinos en este país.
Según datos de Finhabits y el Centro para la Jubilación Segura, menos del 36% de los latinos en Estados Unidos tiene acceso o participa en un plan de ahorro para el retiro como un 401(k) o una IRA. Eso significa que casi 7 de cada 10 latinos están llegando a la vejez sin un plan propio, dependiendo casi exclusivamente del Seguro Social.
Y aquí viene el problema mayor: ya escribí antes en esta columna que el Seguro Social tiene fondos proyectados solo hasta el 2035. Después de esa fecha, si el Congreso no actúa, solo podría pagar el 83% de los beneficios. Alguien que reciba $900 al mes pasaría a recibir $747. ¿Quién vive con eso en 2035?
La jubilación no es un regalo que te da el gobierno al final de tu vida. Es algo que tú construyes, dólar a dólar, durante los años en que puedes trabajar. Y la comunidad latina, por razones históricas, culturales y de acceso, lleva décadas llegando tarde a esa conversación.
No es por falta de trabajo. Los latinos somos una de las comunidades que más trabaja en este país. El PIB latino en Estados Unidos supera los $4.4 billones anuales — más grande que la economía de Francia o Japón. El problema no es el esfuerzo. El problema es a dónde va ese esfuerzo.
Hay varios factores que nos ponen en desventaja. Primero, muchos latinos trabajan en empleos que no ofrecen plan de retiro: construcción, servicios, restaurantes, trabajo por cuenta propia. Si el empleador no lo ofrece, nadie te lo menciona. Segundo, cuando sí existe el beneficio, la barrera del idioma o el miedo a los formularios hace que muchos no lo activen. Tercero, y quizás el más profundo: en nuestra cultura tendemos a priorizar a la familia de hoy sobre el yo del futuro. Mandamos remesas, ayudamos a los hijos, cubrimos emergencias de parientes — y el retiro queda para después. El problema es que «después» llega más rápido de lo que creemos.
Aquí viene la matemática que cambia perspectivas. Si a los 35 años empiezas a ahorrar $200 al mes en una cuenta con un rendimiento promedio del 7% anual, a los 65 tendrías aproximadamente $243,000 ahorrados. Si esperas hasta los 45 para empezar con el mismo monto, llegarías a los 65 con poco más de $104,000. Diez años de espera te cuesta casi $140,000. El tiempo es el ingrediente más poderoso del ahorro — y es el único que no se puede recuperar.
Pero lo más importante no es el número final. Es lo que ese dinero representa: la diferencia entre trabajar porque quieres y trabajar porque no tienes opción. Entre depender de tus hijos y poder ayudarlos. Entre llegar a los 70 con dignidad o llegar con miedo.
Cómo empezar, aunque sientas que es tarde
Primero: si tu empleador ofrece un 401(k), actívalo hoy. Especialmente si hay un «match» — es decir, si la empresa iguala una parte de lo que aportas. No aprovechar ese beneficio es literalmente dejar dinero gratis sobre la mesa. Empieza con el porcentaje mínimo que te dan de match.
Segundo: si trabajas por cuenta propia o tu empleo no ofrece plan, abre una IRA. Puedes abrir una cuenta IRA tradicional o Roth en cualquier institución financiera con tan solo $50 o $100. La diferencia entre las dos está en cuándo pagas impuestos — pero lo más importante es empezar. Un Roth IRA, en particular, te permite retirar el dinero en el retiro sin pagar impuestos sobre las ganancias. Eso sí, hay algo que debes entender antes de abrir una: el dinero en una IRA se invierte en el mercado, lo que significa que puede subir… pero también puede bajar. Si el mercado cae fuerte, como pasó en 2008 o en 2020, tu saldo puede reducirse significativamente, y recuperarlo puede tomar años. Por eso una IRA es mejor para quien tiene tiempo por delante y puede aguantar esos ciclos sin necesitar el dinero de inmediato.
Tercero: si no quieres arriesgarte con el mercado, considera una anualidad. Una anualidad indexada fija es un instrumento diseñado precisamente para quienes no pueden permitirse ver su ahorro reducirse cuando el mercado cae. A diferencia de una IRA o un 401(k), el dinero en una anualidad no está expuesto directamente al mercado: en el peor escenario no ganas intereses ese año, pero tu capital inicial siempre está protegido. Además, muchas anualidades ofrecen algo que ningún otro producto garantiza: un ingreso de por vida, es decir, recibes un pago mensual hasta el último día de tu vida, sin importar cuánto tiempo vivas. Para alguien que llegó tarde al ahorro o que simplemente prefiere certeza sobre rendimiento, una anualidad puede ser la herramienta más poderosa del plan.
Cuarto: trata el ahorro para el retiro como una factura fija. No como «lo que sobre». Configura una transferencia automática el día que te pagan, aunque sea $50 al mes. Lo que no ves, no lo gastas. Y con el tiempo, ese hábito se convierte en patrimonio.
Quinto: habla con alguien que te explique en tu idioma y entienda tu situación. Muchos latinos evitan este tema porque el sistema financiero parece diseñado para otro tipo de persona. Pero hay asesores que trabajan con nuestra comunidad, que entienden que vienes de otro país, que tienes familia que depende de ti, que quizás empezaste tarde. Un buen plan no ignora tu realidad — parte de ella.
Tu futuro merece un plan, no una sorpresa
Don Roberto me preguntó si era demasiado tarde para él. Le dije la verdad: para reconstruir 30 años de ahorro en poco tiempo, sí. Pero nunca es tarde para mejorar la situación desde donde estás. Hoy él tiene un pequeño plan complementario y sabe exactamente qué esperar del Seguro Social. Eso ya es más control del que tenía.
Pero tú, que estás leyendo esto hoy, todavía tienes tiempo. No importa si tienes 30, 40 o incluso 50 años. Lo que importa es que decidas que tu retiro no puede quedar en manos del azar ni de un sistema que ya está mostrando sus grietas.
Trabajaste demasiado duro para llegar a viejo sin opciones. Tú decides qué pasa con lo que construiste — pero solo si actúas antes de que el tiempo lo decida por ti.
Si quieres revisar tu situación actual de retiro, entender qué opciones tienes según tu edad e ingresos, o simplemente saber por dónde empezar, estoy aquí para ayudarte. Ofrezco asesoría financiera personalizada adaptada a la realidad de nuestra comunidad. Puedes encontrarme en redes sociales como @miguelbacata o usar la información de contacto al final de este artículo. Estar informado no es un lujo. Es lo que separa a quienes trabajan hasta el último día de quienes eligen cuándo parar.
MIGUEL BACATÁ
Neurocoach Financiero
+1 (401) 306-4757
