El maestro venezolano asumió la dirección de la Filarmónica de Nueva York y se convirtió en el primer latino en ocupar este histórico cargo.
El sueño que comenzó en Barquisimeto llegó hasta uno de los escenarios más importantes de la música mundial. Gustavo Dudamel asumió oficialmente la dirección artística y musical de la Filarmónica de Nueva York, convirtiéndose en el primer latino en estar al frente de esta prestigiosa orquesta estadounidense.
El 30 de septiembre, el Lincoln Center fue escenario de una noche histórica. Después de más de 1.300 días desde que se anunció su nombramiento, Dudamel tomó finalmente la batuta ante una audiencia que lo recibió entre aplausos y con una celebración que tuvo un marcado sabor latino. Mariachis, música latinoamericana y hasta gastronomía venezolana y argentina acompañaron la bienvenida al nuevo director.
Para el músico venezolano, este momento representa mucho más que un reconocimiento personal; Dudamel ha insistido en que su llegada a Nueva York es también el resultado del trabajo de los niños y jóvenes con quienes creció haciendo música en Venezuela, bajo el modelo de formación impulsado por su maestro José Antonio Abreu.

Su historia con Nueva York comenzó cuando apenas tenía 13 años, en 1994 llegó a la ciudad junto a la Orquesta Nacional Infantil de Venezuela. Aquel niño de Barquisimeto que miraba con asombro los grandes escenarios neoyorquinos jamás imaginó que décadas después regresaría para dirigir una de las orquestas más antiguas y reconocidas de Estados Unidos.
Ahora, a sus 45 años, Dudamel llega después de una exitosa etapa de 17 años al frente de la Filarmónica de Los Ángeles, institución que transformó acercándola a nuevos públicos y combinando la música clásica con otros géneros y expresiones artísticas. Su apuesta en Nueva York mantiene esa misma filosofía, hacer que la música salga de las salas tradicionales y se encuentre con la gente.
Su primer programa como director musical de la Filarmónica de Nueva York también dejó clara esa intención; el repertorio incluyó obras de compositores latinoamericanos como el argentino Alberto Ginastera, el venezolano Juan Bautista Plaza y la mexicana Gabriela Ortiz, además de piezas estadounidenses y una obra del actor y compositor Anthony Hopkins.
Dudamel ha definido el arte como un espacio capaz de tender puentes en una sociedad marcada por las diferencias, su propósito en Nueva York es precisamente acercar la orquesta a las comunidades y demostrar que la música clásica no tiene por qué ser distante ni exclusiva.
La llegada del venezolano también representa un momento significativo para la comunidad latina en Estados Unidos. Su historia es la de un niño que comenzó haciendo música en Venezuela y que terminó conquistando algunos de los escenarios más importantes del planeta sin dejar atrás sus raíces.
Y mientras Nueva York comienza una nueva etapa musical bajo su batuta, aquel niño que alguna vez soñó con llegar a estos grandes escenarios vuelve a demostrar que los sueños también pueden escribirse con música.
