Vivir lejos también significa sentir a la distancia las tragedias que golpean el lugar que dejamos atrás. Tras el terremoto del 10 de agosto en Colombia, la autora relata la angustia de no poder comunicarse con su familia y reflexiona sobre la culpa de estar a salvo, la experiencia emocional del migrante y el valor de acompañar a quienes siguen reconstruyendo sus vidas.
