El amor y el deseo sexual no siempre avanzan al mismo ritmo. El estrés, el cansancio, los cambios hormonales, las emociones y las distintas etapas de la vida pueden influir en la libido sin significar que el amor o la atracción hayan desaparecido. Comprender lo que está viviendo nuestro cuerpo puede ayudarnos a abordar estos cambios con menos culpa, mayor comunicación y más cuidado personal.
