UNA MANERA DE DEJAR HUELLA
POR: CAROLINA DE POMBO
Hay noticias que nos invitan a mirar hacia atrás para comprender el camino recorrido y reconocer las historias que hay detrás de cada nuevo capítulo. La designación de Juan Carlos Gossaín Rognini como embajador de Colombia en Francia abre una nueva etapa en la trayectoria de quien gobernó Bolívar entre 2012 y 2015, pero también me lleva a recordar al hombre que conocí durante aquellos años, al líder que creyó en el talento de su gente y a la persona que dejó una huella especial en mi vida profesional.
Tuve el privilegio de trabajar durante su gobierno y conocer de cerca a un hombre que siempre me llamó la atención por su inteligencia, su cultura y su particular manera de entender el liderazgo. Recuerdo una frase que resumía buena parte de su filosofía: Liderazgo, disciplina y corazón hicieron desde ese momento al departamento de Bolívar ganador. Tres palabras que representaban una forma de asumir los retos y de creer en las posibilidades de un territorio que tenía mucho por mostrarle a Colombia.
Hoy, cuando su nombre vuelve a ocupar los titulares por su designación como embajador de Colombia en Francia, anunciada por el presidente de la República, Abelardo de la Espriella, pienso en la importancia de mirar las trayectorias desde una perspectiva más amplia, entendiendo que cada nueva responsabilidad también está acompañada de una historia, de aprendizajes y de experiencias que ayudan a explicar el camino de una persona. La designación avanza en los trámites diplomáticos correspondientes y requiere el beneplácito del Gobierno francés antes de que pueda formalizarse plenamente.
Durante su administración, Bolívar encontró en la cultura una oportunidad para proyectar su identidad, fortalecer sus tradiciones y darle mayor protagonismo a sus municipios. Los festivales y las expresiones artísticas se convirtieron en escenarios para reconocer el talento de su gente y mostrar la riqueza de un departamento que merecía ocupar un lugar destacado en la conversación cultural del país. Desde mi perspectiva, aquella apuesta marcó un camino que las administraciones sucesoras han respetado y continuado, pero fue Juan Carlos Gossaín quien puso esa primera piedra para devolverle a Bolívar el protagonismo, el orgullo y el honor que merecía.
Porque gobernar también significa comprender que el desarrollo de un territorio no se construye exclusivamente con obras físicas o cifras económicas. La cultura, la música, las tradiciones y el arte forman parte de la identidad de los pueblos, fortalecen el sentido de pertenencia y permiten que las nuevas generaciones reconozcan el valor de sus raíces. En esa visión encontré una de las facetas que más admiro de Juan Carlos Gossaín, su capacidad para comprender que Bolívar tenía una riqueza extraordinaria y que era necesario abrirle escenarios para mostrarla.
En mi propia historia, ese compromiso con las oportunidades tuvo un significado especial. Fue él quien me abrió una de las puertas más grandes de mi carrera profesional al brindarme la posibilidad de presentar en algunos de los escenarios más importantes del departamento. Para una comunicadora y periodista, esos espacios representan mucho más que un micrófono o un escenario; son oportunidades para crecer, demostrar capacidades y descubrir hasta dónde puede llegar el propio talento cuando alguien confía en él. Por eso, cuando recuerdo aquella etapa, mi gratitud va más allá de lo laboral. Hay oportunidades que permanecen en la memoria porque llegan en el momento indicado y terminan convirtiéndose en parte fundamental de nuestra historia.
Quizá por eso creo que una de las cualidades más importantes de un líder es su capacidad para reconocer el potencial de los demás. No basta con tener ideas, inteligencia o autoridad para tomar decisiones; también se necesita la sensibilidad de abrir caminos y permitir que otras personas encuentren su lugar. En ese sentido, mi experiencia durante su gobierno me dejó una enseñanza que conservo hasta hoy: el liderazgo también se ejerce cuando se confía, se impulsa y se brinda una oportunidad.
Pero hay otra dimensión de Juan Carlos Gossaín que merece ser contada, una que no se limita a los informes de gestión ni a los escenarios institucionales. Es un hombre de inquietudes intelectuales, amante del arte, la literatura y la música, con esa sensibilidad de quienes encuentran en la cultura una forma de comprender el mundo. Detrás del personaje público hay una persona con intereses que hablan de su universo personal y de su manera de relacionarse con las expresiones que han acompañado a tantas generaciones.
Entre esas referencias musicales aparece “My Way”, interpretada por Frank Sinatra, una canción que se ha convertido en un símbolo de convicción, carácter y fidelidad al propio camino. Su melodía invita a pensar en las decisiones que tomamos, en los desafíos que enfrentamos y en la manera en que cada persona construye su historia; es una referencia que acompaña la reflexión sobre este momento de su trayectoria, los caminos profesionales se construyen con decisiones, experiencias y nuevas responsabilidades.
A su lado está Any Gómez, su maravillosa esposa, una mujer que también merece un espacio especial en este retrato por su inmenso sentido social y su solidaridad. Hay personas que hacen de la sensibilidad hacia los demás una forma de vivir, que comprenden el valor de acompañar, ayudar y tender la mano sin perder de vista las necesidades de quienes las rodean. Esa disposición solidaria es una cualidad que reconozco en ella y que aporta otra dimensión a esta historia, porque detrás de cada vida hay vínculos, afectos y valores que también contribuyen a construir el camino.
Ahora, Francia aparece en el horizonte como un nuevo escenario para Juan Carlos Gossaín. La representación de Colombia en un país con una tradición artística, literaria y cultural tan significativa plantea una oportunidad para tender puentes entre naciones, fortalecer el diálogo y proyectar la riqueza colombiana ante el mundo. Es una responsabilidad que exige conocimiento, criterio y compromiso con los intereses del país.
Al mirar hacia atrás y recordar aquellos años desde la experiencia, desde el afecto y desde la gratitud de quien recibió una oportunidad que ayudó a abrir nuevos horizontes profesionales, siento, que su ejemplo ha inspirado a mucho, como una invitación a reflexionar sobre el significado de dirigir y dejar una huella que permanezca cuando los cargos y las responsabilidades han quedado atrás.
La historia pública de Juan Carlos Gossaín pertenece a Bolívar y a sus ciudadanos, y su gestión puede ser examinada a través de sus decisiones, sus resultados y los debates propios de la vida política. Mi historia con él, en cambio, está atravesada por la experiencia de haber trabajado a su lado, por el recuerdo de una época en la que la cultura tuvo un lugar importante en la agenda departamental y por la gratitud de haber encontrado en él a alguien que me permitió crecer profesionalmente.
Al final, los líderes también se reconocen por aquello que despiertan en los demás, por las ideas que logran sembrar, los escenarios que ayudan a construir y las oportunidades que dejan como punto de partida para nuevas historias. Tal vez esa sea una de las formas más profundas de entender el legado: no solamente recordar lo que alguien hizo, sino reconocer lo que hizo posible.
Hoy, ante este nuevo capítulo que lo acerca a Francia, vuelvo a aquella frase que permanece en mi memoria y que resume buena parte de lo que significó para mí compartir esa etapa, liderazgo, disciplina y corazón, tres principios que, cuando se convierten en acciones y se ponen al servicio de una causa, pueden contribuir a transformar un territorio y dejar una marca imborrable en la vida de quienes tuvieron la fortuna de formar parte de ese camino.
Y hoy, cuando Francia se convierte en el horizonte de un nuevo capítulo de su historia, solo puedo desearle que lleve consigo esa convicción que tantas veces escuché, por eso deseo que esta nueva etapa esté llena de aprendizajes, grandes encuentros y oportunidades para seguir construyendo puentes entre culturas.
Como dicen los franceses: À cœur vaillant, rien d’impossible, para un corazón valiente, nada es imposible. Bon vent et bonne chance, Juan Carlos.
