Comprender nuestra historia familiar puede ayudarnos a reconocer heridas, patrones y silencios heredados, pero no nos obliga a tolerar aquello que nos hace daño. Una reflexión sobre el amor, la culpa y la importancia de establecer límites saludables, incluso con quienes comparten nuestro apellido, para construir relaciones más honestas y una herencia emocional diferente para las próximas generaciones.
