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Por Alfonso D. Acevedo, Editor
La celebración del Censo de 2010 es quizás el evento que se convertirá en el Chivo Expiatorio de lo que el senado no pudo hacer en 2007.
El fallido intento de aprobar una reforma migratoria por el senado dejó muy inconformes a los que lucharon tenazmente para tal propósito.
El conflicto que quieren crear algunos grupos de las iglesias evangélicas basado en que el gobierno pueda usar la información para efectos de inmigración, también suponen que la información obtenida no es para la distribución de recursos para los gobiernos locales.
Si bien es cierto que parecen haberse agotado las posibilidades de una reforma a corto plazo, también es cierto que las circunstancias que se desencadenaron a partir de la recesión le robaron todo el terreno que había ganado esta lucha.
Pero de ahí a que el panorama pueda mejorarse con un boicot a esta justa de cada década dudo que lo logre en su esencia.
Primero que todo, en el caso de proponer un boicot y pedir a los habitantes que no se cuenten, es colocarse en el extremo del debate.
En las elecciones el voto abrumador de familias ciudadanas a favor de Barack Obama con la esperanza de que el partido demócrata lograra lo que en la administración pasada no había logrado.
Pero ya con las prioridades de resolver la crisis económica, las guerras de Irak y Afganistán y la no menos importante transición de mando se ha ido alejando cualquier reforma migratoria.
A todo esto me pregunto si los que quieren el boicot, que suena a auto-chantaje ya que no dejar contar a los habitantes a final de cuentas afecta más que lo que ayuda.
No hay que ser ni político, ni contador y menos estratega político para saber que el censo ya tiene un propósito y el frenarlo es simplemente dejar por fuera el sistema de distribución de dineros a programas de servicio social, médico entre otros.
Con los resultados del censo a nuestro favor o con la omisión de millones que siempre quedan por fuera, de algún modo muchos de los inmigrantes legales o ilegales han usado y siguen usando servicios que son pagados por los recursos anuales que el gobierno federal envía a los estados.
Un boicot, más que ayudar a que se obligue al gobierno a redactar y aprobar una reforma, es como decirle al gobierno que no lo haga.
El censo es un mandato constitucional y está ordenado como una ley, entonces ¿en que parte de la constitución queremos estar?
Los términos con los que defienden el boicot están sustentados en aspectos del diario discurrir de la vida administrativa y política de los pueblos. Ellos alegan corrupción, discriminación a la hora de distribuir los fondos, también hablan del uso de la información para otros propósitos.
Ya sea que algunos de los motivos sean aislados y puedan ser comprobados, ello puede caer en otras jurisdicciones y no en lo que representa el Census Bureau como agencia de estadística.
El decir ahora que el censo es perjudicial deja muy mal parados a los que lideran dicho boicot.
Primero deja claro que antes les sirvió el censo, pero ahora, especialmente ahora les perjudica.
No quisiera yo entrar en suposiciones del por qué les conviene formar este revuelo, de esto conoceremos más adelante. Alguien investigará los alegatos de los proponentes del boicot para saber si sus afirmaciones sobre lo negativo del censo son ciertas.
Por el momento es bueno que la población se informe y tome la decisión inteligente y no se deje distraer por los líderes de este movimiento.
El poder político se logra es mostrando los números, esos números son los que han motivado los retrasos en la reforma migratoria. Los grupos que se oponen a la reforma son conservadores que a cada propuesta social no quieren que las minorías reciban los beneficios. Estas minorías crecen a pasos que nadie puede parar, entonces, ¿que sentido tiene que no nos cuenten?
A los que no quieren la reforma les conviene que no nos cuenten, y para rematar a los del boicot también. !Que alguien me explique! |